
Naoyuki Toyotoshi
Embajador de la República del Paraguay, en Japón.
La República del Paraguay celebra el Bicentenario de su Independencia y el Día Nacional se conmemora el 14 y 15 de mayo de 2011. En este Día de la Independencia, se recuerda con gratitud al Capitán Pedro Juan Caballero y los demás líderes del movimiento de liberación, que logró la independencia del país sin derramamiento de sangre, en 1811.
En este aniversario trascendental, queremos hacer propicia la oportunidad para ofrecer nuestros mejores deseos, respetuosos y sinceros, de salud y bienestar a Sus Altezas Imperiales emperador
Akihito, la emperatriz Michiko y todos los miembros de la familia imperial, así como expresar nuestro más cordial y cálido saludo a Su Excelencia, el Primer Ministro Sr.
Naoto Kan, a los miembros del gobierno y todo el pueblo japonés.
Así también, reiteramos nuestras más profundas y sinceras condolencias a las víctimas del reciente desastre del Gran Terremoto del Este de Japón y a sus familias. Los pensamientos y las oraciones de los ciudadanos paraguayos permanecen con los sobrevivientes de esta gran tragedia y todo el pueblo japonés y se unen con la esperanza sincera de una rápida recuperación, de la devastación que produjo esta terrible tragedia. El Presidente de la República del Paraguay, el Ministro de Relaciones Exteriores, el Presidente del Congreso y el Presidente de la Corte Suprema de Justicia han expresado sus más sentidos pésames y apoyo solidario, poco después del terremoto. En esa oportunidad, la Primera Dama de la República del Paraguay también expresó los mismos sentimientos a Su Alteza Imperial, la Emperatriz
Michiko.
El Gobierno del Paraguay ofreció la asistencia de un equipo especial de rescate, que había operado en Haití, tras el terremoto de 2010, pero debido a las condiciones y necesidades particulares en las zonas devastadas, la ayuda no se pudo concretar. Por otro lado, otro tipo de ayuda llegó desde el sector privado paraguayo. Es de destacar la donación de un millón de “tofus" (requesón de soja, empaquetados individualmente) a base de soja paraguaya no transgénica, entregados directamente a las víctimas y familiares, cuyo costo de producción y distribución fue financiado conjuntamente por el Gobierno paraguayo y varias organizaciones privadas del Paraguay.
Estamos absolutamente seguros de que las víctimas que sufren de esta gran calamidad superaran las dificultades y desafíos que están enfrentando actualmente, gracias a su sabiduría y admirable espíritu de solidaridad. Los japoneses nos han demostrado sus increíbles virtudes morales, resistencia y estoicismo, manteniendo la calma absoluta durante y después del terremoto, con una ausencia total de pánico. Los ciudadanos se apresuraron en comprar botellas de agua y otros suministros, en medio de las noticias de una potencial fuga radiactiva en la planta nuclear de Fukushima. El precio del agua embotellada se mantuvo invariable, en una increíble demostración de civismo y la cohesión moral existente.
La fuerte relación de Paraguay con el Japón se remonta al año 1919, al firmarse el primer Tratado de Amistad entre las dos naciones. En 1936, los primeros ochenta y un inmigrantes japoneses desembarcaron en Paraguay y se instalaron en La Colmena, 132 km al sureste de Asunción, la capital de Paraguay. El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial interrumpió el flujo de inmigrantes, reanudándose en 1954, poco tiempo después de terminada la guerra, en 1945. Con la ayuda del gobierno paraguayo y japonés, la inmigración continuó y actualmente, más de 7.000 japoneses y sus hijos viven en varias partes del país. La mayoría de los inmigrantes japoneses se dedicaron a la agricultura e introdujeron la siembra de muchas verduras, como el tomate, que eran poco conocidas o de escaso consumo en ese entonces. En los años posteriores, muchos de los agricultores japoneses-paraguayos comenzaron a sembrar la soja, un alimento básico de su país natal, constituyéndose actualmente en uno de los productos de mayor exportación, siendo el Paraguay el cuarto mayor exportador de soja del mundo.
Los inmigrantes japoneses y sus descendientes, reconocidos por su gran laboriosidad, por el trabajo arduo e intenso que han desarrollado en la preparación de la tierra para la agricultura, con poca o ninguna herramienta mecanizada, han contribuido en gran medida al avance de la agricultura en el país, el crecimiento de la economía paraguaya y su posicionamiento a nivel global. Se han ganado el profundo reconocimiento y respeto de sus homólogos paraguayos como personas que trabajan en forma honesta y dura.
Por otra parte, el Gobierno del Japón ha contribuido enormemente al desarrollo económico del Paraguay, en las áreas de infraestructuras, la salud y la educación, mediante la concesión de préstamos especiales no reembolsables, capacitación y asistencia técnica, entre otros.
La familia imperial también ha contribuido en gran medida a mejorar aún más las excelentes relaciones bilaterales, con sus frecuentes visitas al país. Sus Altezas Imperiales y entonces príncipe heredero
Akihito y la princesa Michiko, visitaron el Paraguay por primera vez, en
1978. En 1986, Su Alteza Imperial el Príncipe
Hitachi y la Princesa Hanako asistieron a los actos para conmemorar el 50º aniversario de la inmigración japonesa al Paraguay. En
1999, Su Alteza Imperial el Príncipe Takamado y la Princesa
Hisako nos visitaron para el Torneo de Fútbol de América del Sur. Y en
2006, Su Alteza Imperial el Príncipe
Akishino visitó el Paraguay para celebrar el 70 Aniversario de la Inmigración Japonesa. Los miembros de la familia imperial, así como muchos representantes del gobierno japonés, siempre han sido muy bien acogidos y apreciados por los ciudadanos paraguayos, quienes guardan gratos recuerdos de las visitas realizadas en los últimos treinta años.
Por último, como Embajador de la
República del Paraguay en Japón, me gustaría extender mi
gratitud al gobierno japonés y a su gente por su hospitalidad y
apoyo. Estoy muy contento de poder celebrar el Bicentenario de
nuestra Independencia, junto con mis conciudadanos paraguayos, que
viven en Japón, junto a nuestros amigos japoneses y compartir la
alegría, la profunda amistad y el respeto mutuo, sobre todo en estos
tiempos difíciles que le toca vivir a nuestra nación anfitriona.
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